sábado, 14 de julio de 2012

The polaroid book


¿Se puede hacer arte fotográfico con una cámara Polaroid? La respuesta evidente es sí. Es más, Polaroid siempre gozó de un prestigio propio entre los artistas plásticos a partir de los años 70, no sólo porque se podía considerar el paradigma de la satisfacción inmediata en la moderna sociedad de consumo que el Pop Art de la época pretendía reflejar (véanse las tomas de Andy Warhol por ejemplo), sinó también porque su peculiar procedimiento de formación de la imagen y sus propias limitaciones técnicas le convierten, paradójicamente, en un versátil instrumento para técnicas mixtas y experimentales, tan apreciadas en el arte contemporáneo. Me refiero especialmente al extendido uso del "transfer", un sencillo procedimiento para trasferir la imagen de la copia a otro soporte (papel, lienzo... ) alterando su aspecto y textura. Pero también fueron objeto de composiciones murales (acaso las más famosas son las del pintor pop David Hockney) que trascendían su limitado tamaño para crear grandes visiones fragmentarias, formadas por cientos de polaroid ensambladas sobre un mismo soporte en una moderna versión del clásico mosaico. Además las fotografías polaroid han sido objeto de alteraciones químicas, fragmentación, composiciones secuenciales, etc... Por otro lado hoy en día gozan de un renacido prestigio entre un cierto sector que, receloso de la invasión digital que amenaza con acabar con el sistema tradicional, ve en este procedimiento una alternativa a la inmediatez digital con un aspecto y textura propios y un cierto toque vintage muy apreciado en la actualidad.
Pero quizás la persona que antes que nadie intuyó que Polaroid, además de una cámara para realizar instantáneas de viajes y escenas familiares, podía ser un efectivo instrumento artístico fue el propio fundador de la compañía, Edwin Land, todo un visionario del mundo de la fotografía, que comenzó fabricando filtros polarizadores de invención propia (de ahí el nombre de la compañía).  Cuando en 1947 inventó el sistema de revelado instantáneo y puso en marcha su producción industrial, además de congratularse (suponemos) porque en las próximas décadas iba a convertirse en un científico rico vendiendo millones de sus cámaras a turistas y familias medias americanas, ya que en un país donde se desechó el cambio de marchas en los automóviles porque la comodidad y facilidad de uso son valores supremos el éxito del nuevo sistema era inevitable... pues,como decíamos, al lado de estas halagüeñas perspectivas comerciales del nuevo invento, Land mostró una precoz y aguda preocupación porque su sistema fotográfico fuera valorado por sus posibilidades artísticas. A este fín contrató a Ansel Adams, uno de los grandes con mayúsculas, especialista en grandes paisajes y cámaras de gran formato, con la doble intención de que pusiera a prueba sus productos y dirigiera la creación de una colección fotográfica con un alto estándar de calidad. Así nació en 1957 la Colección Library que daría lugar en décadas  posteriores a las Colecciones Polaroid, que alcanzaron su punto álgido entre los años 70 y primeros 90, compuestas por unas 4.400 imágenes tomadas por más de 800 fotógrafos de prestigio internacional, usando, por supuesto, material Polaroid (excepto la primera colección de 1957). Por cierto, tras la quiebra de la compañía y muerte de Land en 1991 la colección estuvo perdida en una particular peripecia que duró casi veinte años.
Basándose en los supuestos de variedad y calidad artística que animaron la formación de estas colecciones Steve Crist nos ofrece una personal selección de las mismas en un libro de la editorial Taschen de más que digna edición considerado su ridículo precio. Con más de 250 imágenes de 200 fotógrafos y artistas plásticos entre los que encontramos nombres tan famosos como Andy Warhol, David Hockney, Chuck Close o el propio Ansel Adams, variedad sería la palabra que mejor podría definir al libro. Contrariamente a lo que podríamos esperar de la devastadora homogeneidad iconográfica con que nos amenaza el cuadriculado (nunca mejor dicho) diseño de la cubierta del libro, el contenido es de una diversidad y riqueza deliciosas, una especie de divertido cajón de sastre donde ingeniosos experimentos formales y fotografías de altisimo valor artístico se codean con imágenes de lo más banal, tan al gusto del contemporáneo concepto del arte, y escenas típicas del mundo polaroid, que hizo de la intimidad e inmediatez su piedra de toque. No se dejen, pues, engañar por la portada y sumerjanse en las páginas de este particular caleidoscopio compuesto por imágenes de más de dos décadas del siglo pasado, liberen sus mentes de prejuicios y les garantizo un gratificante viaje por las antípodas del tedio.
Peter Jones. Seagulls and boy
 Donald Dietz. Considering Her Feet, 1976
Lou Barranti. Untitled, 1989
Christian Vogt. De la serie Pola-Portaits, 1980

Oliviero Toscani. Andy Warhol con cámara
 Shellburne Thurber. Donald + Koko, 1983
Chuck Close. Autorretrato, 1987
Bruno Bourel. 9x abstract
Franco Fontana. Piscina, 1984