domingo, 14 de febrero de 2016

Los retratos de Henri Cartier-Bresson. Un silencio interior.

Samuel Beckett

"Por encima de todo, busco el silencio interior. Busco trasladar la personalidad y no una expresión"

Henri Cartier-Bresson

La afirmación que encabeza este post, concisa y reveladora de la personal intención del fotógrafo, sirvió en el año 2006 a la Fondation Henri Cartier-Bresson, con sede en París, para dar nombre a la primera exposición que realizó con sus fondos: "Le silence intérieur d'une victime consentante". Esta exposición inaugural, primorosamente preparada, se compuso de una selección exclusivamente de retratos y fue recogida posteriormente en un libro publicado en España por la editorial Electa, bajo el titulo "Un silencio interior".

La colección de retratos que compone este libro es simplemente deslumbrante. Y no hablamos tan solo de la impresionante sucesión de personajes que pululan por él que son, aparte de algún retrato anónimo tomado en la calle, los más influyentes de las artes, literatura, ciencia y pensamiento del siglo XX, sin apenas concesión al brillante mundo del glamour y famoseo que tanto han explotado otros. Hablamos fundamentalmente de "la mirada" del fotógrafo, de ese enigma que a fin de cuentas es el arte de la fotografía que hace que en estos retratos de Cartier-Bresson asome el alma desnuda de los personajes como en muy pocas ocasiones aparece. Y todo esto es conseguido sin rastro de artificio alguno, con su pequeña cámara Leica de 35 mm en la mano, a pulso. Sin iluminación, trípodes, escenografía, fondo de estudio o preparación previa alguna... nada de nada. Tan solo un breve encuentro con el personaje y talento a raudales. No en vano Henri Cartier-Bresson está considerado como uno de los grandes maestros de la fotografía, con mayúsculas.

Cartier-Bresson fue un fervoroso admirador de todo aquello que implicara arte y pensamiento. Su amor por la pintura lo llevó a fotografiar artistas al finalizar la Segunda Guerra Mundial (Matisse, Bonard, Braque, Miró etc..). Más tarde los encargos de prestigiosas revistas americanas (Harper's Bazzar, Vogue, Life... ) y su trabajo para la agencia Magnum de la que, como todo el mundo sabe fue fundador, le permitieron conocer múltiples celebridades y ampliar su circulo de acción. Sin embargo HCB se mantuvo siempre fiel a sus personales intereses y continuó eligiendo a sus retratados fundamentalmente en el campo de la cultura, sin dejarse deslumbrar por la fama pasajera de las grandes estrellas del momento.

El peculiar método de HCB para captar el instante, basado sustancialmente en la velocidad y precisión para disparar en el momento justo, con el que obtuvo tan excelentes resultados en sus fotografías de reportaje, debía resultar de lo más desconcertante a la hora de aplicarse al retrato. El fotógrafo disparaba más rápido y antes de lo que el personaje, que esperaba una clásica sesión de posados, podía suponer. Esto producía frecuentes situaciones embarazosas, podemos imaginar que en ocasiones hasta cómicas. "Lamé, se abrió la puerta... disparé y después saludé. No fuí muy cortés." Así describe el propio fotógrafo como capturó el retrato del matrimonio  de premios Nobel Juliot-Curie. Observen el resultado y comprenderan la expresión de desconcierto y estupor de la pareja de científicos. Otras veces realizaba la fotografía tan rápidamente que después se producia una situación de espera silenciosa, pues HCB consideraba entre sus normas de protocolo que una sesión de retrato debía ser como una breve visita y durar aproximadamente quince minutos, aunque la fotografía muchas veces se hiciera en los primeros treinta segundos: "Un retrato es una visita de cortesía de quince o veinte minutos. No puedes molestar a las personas por más tiempo, como un mosquito que está a punto de picar". Claro que esos quince minutos en los que el personaje estaba esperando en silencio a que el fotógrafo cumpliese su cometido, cuando el retrato estaba ya hecho, debían resultar de lo más desconcertantes.  Así su insólito encuentro con Ezra Pound del que el propio HCB dice fue un largo silencio que "pareció durar horas". A otro personaje no identificado (en un gesto de cortesía por HCB) que, incómodo,  le increpó por no hacer su trabajo le tuvo que aclarar "¡Pero si hace siglos que hice la foto!". Sin embargo Truman Capote lo describió literalmente como "una frenética libélula, con la pequeña Leica pegada al ojo, haciendo  sus fotos con apasionado regocijo y fervor religioso." Está claro que los grandes artistas no se atan a sus propios métodos y son capaces de saltárselos sin contemplaciones cuando lo consideran oportuno.

En cualquier caso los resultados son evidentes. La fotografía de Ezra Pound (ese duelo silencioso al que aludía el propio fotógrafo) puede que sea uno de los mejores retratos de la historia. Al adolescente Truman Capote nunca nadie le volvió a captar así, en ausencia de su propia máscara y con tal acierto. Simone de Beauvoir sólo ocupa una esquina en una instantánea desenfocada, perdida la mirada por la bruma luminosa de París, en un encuadre que no hace falta ser fotógrafo para calificar de magistral. Cocó Chanel se refugia tras su cigarrillo en un absorto gesto de infinita amargura, ajena al fotógrafo, al espectador y al mundo que la rodea. Marcel Duchap parece ahogarse en la pereza hundido en su sofá al final de una despiadada sucesión "artefacto dadá - tremendo cigarro puro - artista en su mundo" que nos sugiere malévolas interpretaciones... Por no hablar de Louis Pons que se nos aparecen en un curioso diálogo que implica a un "alter ego" oso disecado entre el propio personaje y su reflejo en un espejo... Uno tras otro, los retratos de este libro nos descubren poderosas personalidades captadas en su justa magnitud, con crudo realismo, carencia total de artificio y total acierto.

Así que ya saben, "Un silencio interior: los retratos de Henri Cartier-Bresson". Los retratos que se recogen en esta magnifica exposición y libro son perfectos ejemplos de fotografía en estado puro: luz, emoción y verdad a partes iguales. Como reza la acotación final de Hamlet: The rest is silent.

Que tengan un buen día, amigos.


Cracovia, Polonia 1931

Jean-Paul Sartre, Paris 1943

Albert Camus, París 1944

John Huston, Nueva York 1947

Alfred Stieglitz, Nueva York 1946

Saul Steinberg, Vermont 1946

Simone de Beauvoir. París, 1947

Georges Duhamel en su casa de Auvers sur Oise 1947

Andre Pieyre de Mandiargues, Italia 1933

Egipto, 1950

Irene y Frederic Juliot-Curie, París 1944

Colette y su ama de llaves. Paris,1952

François Mauriac, Paris 1952

Ezra Pound. Venecia, 1971


Coco Chanel. Paris, 1964


Martin Luther King, Atlanta 1961

William Faulkner en su casa de Oxford, Mississippi 1947

Truman Capote. Nueva Orleans, 1947

George Braque, París 1958

Arthur Miller, Estados Unidos 1961

Marcel Duchamp. Paris, 1968

Igor Stravinsky. California, 1967

Francis Bacon, Londres 1971

Martine Frank en su casa de París, 1975

Emil Michel Cioran, París 1984

Louis Pons, Paris 1999








3 comentarios:

Anónimo dijo...

Brillante tu artículo sobre Cartier-Bresson. La devoción que transmites por el trabajo de este fotógrafo, es contagiosa. Imagino que habrás acumulado a lo largo de los años mucha información sobre su vida, su trabajo, y que no habrás podido resistirte a visitar su fundación.
Yo he ido y he vuelto varias veces sobre esos retratos. Una y otra vez los he vuelto a mirar… y otra más…y he tenido la sensación de que quedaba atrapada en esas miradas. Contemplar el alma de una persona, lleva más tiempo que contemplar su cuerpo.
Son retratos, pero son imanes. Y desde luego tienen toda la fuerza del silencio.
Del silencio interior.
Y del silencio absoluto.

Dixie.

Jesus Risueño dijo...

Gracias por lo de brillante, Dixie, no aspiraba a tanto. No he visitado la fundación porque abrió sus puertas en el 2003 y en lo que va de siglo no he vuelto a París [:(] Está claro que necesito un mecenas ya....
Ciao Dixie, y dale recuerdos a Pixie.

Anónimo dijo...

¡Jajaja, de tu parte, Jinks!